Ravello

Ravello

Surgió en el siglo VI y hacia el año Mil se asentaron en ella un grupo nobles de la República marinera de Amalfi, que se habían sublevado al dux. Se eligió Ravello porque surgía en una posición que podía defenderse muy bien, en lo alto de un contrafuerte que separa el cañón del torrente Dragone del Regina, en las laderas meridionales de los montes Lattari, escarpadas sobre el mar.

La ciudad prosperó rápidamente, en especial gracias a una floreciente hilandería de la lana, que antaño se llamaba «Celendra» (fue concedida por el rey Carlos II de Anjou al obispo Giovanni Allegri el 23 de abril de 1292), a la providencial agricultura y a los intercambios comerciales intensos que se mantuvieron en las rutas del Mediterráneo, sobre todo con los árabes y los bizantinos. Elevada a sede episcopal en 1086, se confirmó en el siglo sucesivo como una auténtica potencia: es suficiente decir que contaba con 30 000 vecinos. En 1137,  Bernardo de Claraval definió a la ciudad como «muy antigua, muy bien provista e inexpugnable, además de opulentísima, tan hermosa que se puede incluir fácilmente entre las primeras y nobles ciudades».

La historia de Ravello se desarrolla en unión estrecha con la de Amalfi. La decadencia económica y política inició durante la época normanda y se hizo dramática durante el siglo XVII. Una vez que perdió su prosperidad económica, a Ravello le quedó solamente todo lo demás, es decir, todo lo que existe hoy en día digno de mención: un sitio incomparable desde el punto de vista naturalista y las maravillas arquitectónicas y artísticas realizadas durante los siglos de esplendor.

VILLA RUFOLO

Los Rufolo se convirtieron en una de las familias más importantes del Sur y, según la tradición, descendían de Rutilio Rufo, político del siglo II a. C. y el primero que pretendió los tributos militares creados en el ejército Pretorio.

Las primeras noticias que se refieren a los Rufolo de Ravello se remontan al siglo XI. Se trataba de un linaje que poseía tierras en la parte norte de Ravello y pertenecía a un estado social medio, teniendo en cuenta que, en 1150, Giovanni Rufolo ascendió a la cátedra episcopal de la ciudad y ejerció dicho cargo hasta la muerte, que se produjo en 1209.
Probablemente, hubo una elevación de la condición social durante medio siglo que llevó, pocos años después, al matrimonio de Nicola Rufolo con una de las damas más potentes del Sur, Sigilgaida della Marra. Se trataba de la hermana de Angelo I, tesorero y administrador del patrimonio de la Corona del Reino de Federico II.

Nicola Rufolo dio vida a una actividad arquitectónica de gran envergadura durante la primera mitad del siglo XIII, tanto en Ravello, con la reedificación en estilo árabe-normando del Palacio Rufolo, como en Giovinazzo (Bari), con la realización de una gran hacienda fortificada, que se remonta precisamente a los años sesenta de ese siglo. En esta hacienda se producía sobre todo aceite, que procedía de los amplios olivares de Molfetta, Bitonto y de la misma Giovinazzo. Fueron años de gran inestabilidad política, en los que Manfredo, último rey de Sicilia, perdió cada vez más poder. Fueron años en los que Nicola Rufolo abandonó parcialmente el comercio, para especializarse él mismo y sobre todo a sus hijos en la gestión económica del Reino. Para realizar esta actividad, Nicola aprovechó de la posición de primer plano que ocupaba Giozzolino della Marra, sobrino de Sigilgaida y administrador del patrimonio de la Corona.

Con la llegada de los Angevinos, tras la batalla de Benevento de 1266, los Rufolo juraron fidelidad a los nuevos conquistadores para ocupar una posición relevante en la economía del Reino. Cambiaron las armas de la estirpe, tanto en los colores, pues el azul sustituyó al rojo, como en la estructura, adoptando tres flores de lis en la parte superior, símbolo del linaje de Anjou. Matteo, hijo de Nicola, y su primogénito, Lorenzo, ocuparon cargos importantes del reino y se pusieron de parte de sus primos de la familia Della Marra. Durante este periodo, hubo una auténtica actividad de financiación de la corona por parte de Nicola Rufolo y de su hijo Matteo. Se habían convertido en los banqueros de la Corona.

Tras la guerra de las Vísperas Sicilianas (1282), el poder de la casa de Anjou tuvo que hacer frente a una vasta crisis económica. Con mucha probabilidad, fue esta la causa del proceso que se fraguó contra los linajes de los Rufolo y de los Della Marra de Ravello, con la intención de adueñarse de sus bienes. Y se salieron con la suya, pues el plan se logró. El 17 de junio de 1283 marcó el inicio del proceso: algunos miembros de las familias Rufolo y Della Marra fueron capturados con sus hijos en gran secreto y fueron despojados de sus tierras. Cinco días después, el 22 de junio, el príncipe Carlos II expuso los motivos que llevaron a dicha decisión: los cargos fueron de malversación de caudales públicos, traición, de las perversiones más oscuras, de exportación de trigo en detrimento de la Corona, expresiones en favor de la guerra de las Vísperas. Matteo Rufolo fue acusado de mantener correspondencia con la reina Costanza, hija de Manfredo y esposa de Pedro III de Aragón. El documento ratificó la condena a muerte de Angelo y Galgano, ambos hijos de Giozzolino, además de la de Lorenzo Rufolo, primogénito de Matteo. Fueron asimismo ratificadas la tortura de las mujeres y niños y la expropiación de los bienes muebles e inmuebles, entre los que se hallaban barcos, caballos y armas. La acusación más creíble parece que fuera, según Sthamer, el aumento de las cargas fiscales que había puesto de rodillas a la población. Se condenaba la política financiera de Gizzolino, que había fallecido hacía cinco años. No han de excluirse el gran déficit de la corona de Anjou y los ingentes gastos de guerra a los que tenían que hacer frente. Matteo Rufolo tuvo que pagar dieciséis mil onzas de oro (unos quinientos gramos, que correspondían al coste de ochenta barcos armados) para salir de la prisión.

Flamand de Comises, abad de San Víctor de Marsella, fue el encargado de confiscar todos los bienes en Campania, especialmente en Ravello. Parece que el personaje más importante de los que fueron condenados a muerte fuera Lorenzo Rufolo. En octubre de 1282, era mencionado como Secreto y Maestro Portolano de Apulia y, sucesivamente, como Secreto de Sicilia. Fue decapitado en 1283. Probablemente en él se inspiró Bocaccio para el cuento de Landolfo Rufolo, mercader que para duplicar su patrimonio invirtió todos sus bienes y se arruinó, convirtiéndose en pirata. Aquí, tras una serie de vicisitudes, el cuento termina con un final feliz. Pero se trata sólo de un cuento, que simboliza la fortuna, de la que careció el pobre Lorenzo.

Tras las condenas, los Rufolo no consiguieron recuperarse nunca más, a la par que Ravello. Su decadencia se produjo por voluntad, en primer lugar, del príncipe Carlos de Salerno (el futuro Carlos II de Anjou), del Papa, que apoyaba el poder anjevino, y de algunas familias de Ravello, entre las que se encontraban los Frezza, que no veían con buenos ojos el poder que habían alcanzado los Rufolo. Algunos miembros de la familia Rufolo decidieron a continuación trasladarse a Nápoles. La familia había perdido en el siglo XV todo su poder y Peregrino Rufolo, decimocuarto obispo de Ravello, habló de sí mismo como del último de su estirpe.

de un estudio de Alessio Amato

VILLA CIMBRONE

“Incomparable…que surge entre las rosas y los oleandros sobre un altiplano desde donde la mirada se extiende hacia el mar»: así definió Villa Cimbrone el viajero alemán Gregorovius en el verano de 1835, que no tuvo ninguna duda respecto a un lugar tan emocionante y mágico.

La Villa y los magníficos jardines, comparados con los «jardines de Armida entre rosas y hortensias» tienen orígenes remotos que se funden con la historia misma de Ravello. Los primeros documentos de archivo se remontan al siglo XI y cuentan que la villa fue edificada sobre un promontorio de una gran finca llamada «Cimbronium», de la que toma el nombre.

El complejo actual de Villa Cimbrone, que está formado por el edificio principal y el parque secular de unas seis hectáreas, es reconocido de manera unánime como uno de los ejemplos más importantes generados por la cultura romántica anglosajona –paisajística y botánica– en el área mediterránea entre finales del siglo XIX y principios del XX, junto con los Jardines Botánicos Hanbury y «la Mortella» en Ischia de Russel Page.

El turista o el visitante, rodeado por el encanto y fascinación seductora de Villa Cimbrone, no puede ignorar que Ravello, con su belleza singular, aún sin contaminar, tiene tras de sí una historia rica y noble. Una historia que manifiestan todos los rincones de este lugar cautivador. No es necesario conocerla para advertir su presencia: por doquier se respira en el aire.

Los jardines de la Villa, de belleza estremecedora, poseen « las flores más hermosas inimaginables» y han sido en parte rediseñados a principios del siglo XX gracias también a la contribución valiosa de la botánica inglesa Vita Sackville West. Los jardines de la Villa siguen siendo considerados hoy uno de los ejemplos más importantes que la cultura paisajista y botánica inglesa ha generado en el sur de Europa.

Como fruto de la fuerte influencia de la literatura clásica y de la reinterpretación de la villa romana, se insirieron en los jardines numerosos elementos decorativos de gran valor, que procedían de varias partes del mundo como fuentes, ninfeos, estatuas, templos y pabellones. El prestigioso círculo de Bloomsbury se reunía a menudo En algunos de ellos, que eligió Villa Cimbrone como lugar de encuentro y de inspiración.

La larga avenida central, que en mayo de 1880 hizo de telón de fondo del famoso paseo a caballo de Cosima y Richard Wagner, culmina con « il Terrazzo dell’Infinito» la «Terraza del Infinito», donde la mirada se pierde entre lo que Gore Vidal definió como «el panorama más hermoso del mundo» y donde «nace el deseo de volar» (Gregoriovius).

tomado libremente de www.villacimbrone.com

AUDITORIUM OSCAR NIEMEYER

Diseñado por el arquitecto brasileño, el Auditorio Oscar Niemeyer fue inaugurado en enero de 2010 y surge sobre una superficie escarpada que se asoma directamente sobre el espléndido panorama de Ravello.

El edificio cubre un área de 1500 m2 e incluye un auditorio con un aforo de cuatrocientas butacas, un palco semicircular y una sala predispuesta como estudio de grabación.

Se accede al auditorio desde una plaza alargada que permite disfrutar, al mismo tiempo, del panorama maravilloso y del edificio sorprendente. En la sala, el patio de butacas aprovecha la pendiente natural del terreno; el lugar para la orquesta y el vestíbulo surgen de manera osada sobre el vacío, como el palco de villa Rufolo, pero sin soportes.

«Cuando inicié el diseño del proyecto, enseguida sentí que ésta no era una obra fácil de diseñar. El terreno irregular, estrecho, con una inclinación transversal muy acentuada…No pensé en ningún momento en una obra cara que pudiera implicar movimientos de tierra innecesarios y, por eso, tome como punto de inicio la decisión de localizar el patio de butacas exactamente según la inclinación dada. Y el proyecto empezó a surgir…».

Oscar Niemeyer