Storia

Storia

El Ravello Festival deriva, en su configuración actual, de una serie de iniciativas precedentes que lo convierten en uno de los festivales más antiguos de Italia. Ha de atribuirse a Girolamo Bottiglieri y Paolo Caruso la concepción del acontecimiento cultural que ha contribuido más que otros a construir la identidad de Ravello como «Ciudad de la música». La asociación del nombre de Wagner con la Villa Rufolo, a la que el filántropo escocés Francis Neville Reid devolvió su esplendor e hizo acogedora, era demasiado atractiva para no inspirar la idea de realizar conciertos en un sitio exaltado personalmente por el gran compositor. Por este motivo, la orquesta del Teatro di San Carlo se exhibió más de una vez durante los años treinta del siglo XX, con programas vinculados precisamente a Wagner. Los príncipes de Piamonte asistieron a uno de estos conciertos, y Ravello devolvió el honor de su visita dedicando el belvedere que separa actualmente el hotel Sasso del hotel Palumbo a la princesa. La idea quedó en el aire, tal y como la volvió a proponer Paolo Caruso veinte años después, añadiendo la solución logística atrevida de un palco suspendido en el vacío. La iniciativa se concretizó gracias al empeño del Ente Provinciale per il Turismo, entonces dirigido por Girolamo Bottiglieri, e inició con dos veladas durante el verano de 1953, con motivo del septuagésimo aniversario del fallecimiento de Wagner, los “Concerti wagneriani nel giardino di Klingsor” («Conciertos wagnerianos en el jardín de Klingsor»)(como decía textualmente la carátula del programa de sala), que fueron encomendados a la Orquesta del Teatro di San Carlo dirigida por Hermann Scherchen y William Steinberg. Wagner fue durante años el protector del festival y hoy se sigue reservando una atención especial a su música.

Conjuntos y artistas
A lo largo de medio siglo, se han alternado orquestas excelentes en el palco que se asoma de manera atrevida sobre el mar: la Staatskapelle de Dresde, la Münchner Philharmoniker, la Royal Philharmonic, la London Symphony Orchestra, conjuntos del Teatro Kirov de Leningrado y de la Gewandhaus de Lipsia, la Orchestra Nazionale della Rai, la Orchestra del Maggio Musicale, la Orchestre National de France y la Filarmonica de San Petersburgo); orquestas de cámara conocidas (la Chamber Orchestra of Europe, la Camerata Academica del Mozarteum de Salzburgo; el Trio de Trieste, el Quartetto Italiano); directores ilustres (Ashkenazy, Barbirolli, Barenboim, Chung, Davis, Frühbeck de Burgos, Gergiev, Järvi, Maazel, von Matacic, Mehta, Pappano, Penderecki, Prêtre, Semkow, Sinopoli, Spivakov, Tate, Temirkanov e Tilson-Thomas); solistas importantes (Argerich, Asciolla, Canino, Cassado, Ciccolini, Glass, Kempff, Lindbergh, Lupu, Pogorelich, Rampal, Repin, Rostropovich, Ughi, Weissenberg); músicos de jazz famosos (Bollani, Caine, Hancock, Marsalis); cantantes líricos prestigiosos (Behrens, Christoff, Cura, Domingo, Jerusalem, Meier, Raimondi, Salminen, Urmana) y de pop (Noa, Ranieri, Toquinho); célebres compositores (Battistelli, Nyman, Sciarrino); bailarines y coreógrafos de éxito (Bejart, Bill T. Jones, Bolle, Ferri, Martha Graham Dance Company y Petit); actores y directores de cine de fama mundial (John Malkovich, Margarethe von Trotta, Abbas Kiarostami, Fernando Meirelles, Dino Risi, Toni Servillo, Valeria Golino y Mario Martone).

Música y paisaje
Todos los años, puntualmente, los amantes de la música se acaloran sobre la legitimidad de los conciertos al aire libre, que llegan salpicados de sonidos y ruidos ajenos a la música. Sin embargo, para los conciertos de Villa Rufolo, gana el disfrute general del oído y de la vista, donde la imperfección de un sentido se compensa ampliamente con la magnificencia del otro. Como señaló Gore Vidal de manera delicada, «a menudo, cuando la orquesta toca Wagner, la luna llena se levanta desde las montañas cuyos contornos recuerdan a un dragón con la cabeza dulcemente reclinada sobre la playa, hacia este, y los pajarillos de Ravello, bien educados musicalmente tras todos estos años, hacen de contrapunto desde la copa de los pinos más oscuros».